Mucha gente se ha opuesto a que en la televisión colombiana se presente una serie basada en la vida de Pablo Escobar, en su momento el criminal más buscado del mundo. Entiendo a los que piensan que esto pueda ser entendido como una apología al estilo de vida del dinero fácil que tanto se ha afianzado en Colombia. En Estados Unidos cuando escasean los enfermeros crean una serie donde éstos profesionales son los héroes de turno; si lo que faltan son salvavidas en las playas, se graba Baywatch y así de fácil se rellenan las brechas entre oferta y demanda en algunas profesiones. Si lo que se ofrece en Pablo Escobar, el patrón del mal es el modelo de cómo adquirir dinero fácil para gastarlo en autos, mansiones, excesos y adolescentes fogosas, ni que hablar de las consecuencias.
Pero a mí eso no me molesta. Si la gente es tan poco analítica como para permitir que la caja boba defina su vida, ese es problema de ellos, y entre más estúpidos existan mejor persona me sentiré por ser como soy.
Otra manera de ver las cosas, y es la lupa bajo la cual lo he hecho, es ver que Pablo Emilio Escobar Gaviria es uno de los personajes más importantes de la historia reciente de Colombia, y su vida y obra yo la viví en mi infancia, no la recuerdo claramente, ni entendí bien en su momento lo que realmente sucedía, pero este último par de meses me han servido para aclarar muchas cosas.
Como no quería tragar entero lo que me dijeran en televisión me busqué un libro que relatara la historia, y así ,desde dos puntos de vista, conocer los hechos que enmarcaron la guerra vivida durante casi una década en el país. El documento al cual llegué se llama Matar a Pablo Escobar y su autor es el escritor Mark Bowden.
El libro en un poco más de 300 páginas cuenta la historia de uno de los personajes que mayor daño le ha hecho a esta patria, que no son pocos para una mayor desgracia. Y es que antes de hablar del personaje del libro, el escritor con un par de citas define una de las facetas del colombiano promedio. “En Colombia herir o incluso matar a un enemigo no bastaba: había que observar el ritual” o “…la jocosa explicación de los colombianos era que Dios había hecho a su país tan bello y le había provisto de una naturaleza tan lujuriante que, para compensar a los demás pueblos del mundo —tan injustamente relegados—, El había poblado aquel paraíso con la raza de hombres más crueles de toda la creación“.
Y aún no ha hablado del peor de todos. Pablito, como le decían sus amigos, soltó frases como «Coronel, lo voy a matar. Voy a matar a toda su familia hasta la tercera generación, y después voy a desenterrar a sus abuelos, les meteré unos cuantos tiros y los volveré a enterrar», o «Juramos ante Dios y la vida de nuestros hijos que si nos falla o nos traiciona, será hombre muerto.», y también está «Queremos la paz. Lo hemos proclamado a viva voz, pero no vamos a rogar [...]. No aceptamos, ni jamás aceptaremos, las numerosas y arbitrarias redadas a las que someten a nuestras familias, el saqueo, las detenciones represoras, los montajes judiciales, las extradiciones ilegales y antipatrióticas ni tampoco las violaciones de nuestros derechos. Estamos preparados para enfrentarnos a los traidores», y como si fuera poco “Le declaramos la guerra sin cuartel al Gobierno, a la oligarquía, individualmente y en su conjunto, a los periodistas que nos calumnian e insultan, a los jueces que se han vendido a los intereses del Gobierno, a los magistrados que apoyan la extradición [...] a todos los que nos han perseguido y atacado. No respetaremos a las familias de aquellos que no han respetado a las nuestras. Quemaremos y destruiremos las industrias, propiedades y mansiones de la oligarquía“. Si estas sentencias no asustan a un país, los hechos sí lo hacen.
127 personas murieron en los atentados dinamiteros del capo; 147 agentes de la policía perdieron la vida durante la campaña para atraparlo; al ministro de justicia Rodrigo Lara, al candidato presidencial Luis Carlos Galán, al periodista Guillermo Cano y por lo menos a cuatro jueces de la justicia colombiana también les hicieron la vuelta.
El vínculo del narcotráfico con las música nada tiene que ver con los terrenos de este blog. Los narcos mediante Payola inundaron las emisoras colombianas a punta de vallenato, además, como en la vida diaria los narcotraficantes se mezclaron con las altas clases de la sociedad eso llevo a ampliar los círculos en los cuales se escuchaban rancheras. Y hasta ahí no he nombrado la música norteña que tanto pregona los logros de los traficantes de drogas. Cuenta la leyenda que Escobar en su Hacienda Nápoles tenía una rockola con música únicamente de Roberto Carlos. Y en la serie de tv muestran una golpiza que le propinaron los guardaespaldas de Pablo a José Luis Rodriguez Alias El Puma, por sobrepasarse en muestras de cariño hacía Maria Victoria (Patico, en el programa de Tv), la esposa de Escobar, en una pequeña fiestecita del capo.
Y alejado de todos estos gustos encontramos a la banda bogotana Papaya Republik, los cuales presentaron hace un par de años su primer álbum incluyendo la canción Breve la Vuelta. Hacer la vuelta o darle piso a alguien significa asesinarlo.
Papaya Republik es un proyecto conformado por Juan Pablo Valencia, Mauricio “Batori” Pardo, Diego Magaldi, Marco Fajardo, Luisa Cáceres, y Richie Arnedo. Su primer álbum se llama Vol. 1, donde está incluida la canción Breve la Vuelta que reza algo así: “Breve la vuelta parcero, no se me arrugue mi ñero, sabemos que es por dinero, y si me falta lo acuesto”. En general es una composición que insinúa la corrupción que se presenta en los dirigentes de la patria, los honorables padres que llaman algunos ingenuos. El álbum también contiene otras canciones interesantes como el cover de Hola Soledad y una composicion en la que se narra el amor hacia una computadora, Mi pc.
Tengo entendido que en algún momento el álbum estuvo colgado para descarga gratuita desde la página web del grupo, pero el enlace está roto.
Finalmente Escobar fue asesinado gracias a la búsqueda mancomunada de Los Pepes, el Bloque de Búsqueda, la CIA, la DEA y hasta el cartel de Cali. Muerto, significaba que se acababa el narcoterrorismo, pero el narcotrafico y la inseparable relacion que se construyó con la política no se separaría. Incluso el cartel de Cali financió la campaña del expresidente Ernesto Samper y, además, durante el gobierno de 8 años del narcotraficante número 82 fue un primo hermano de Escobar quien fungió como asesor presidencial. Pero mejor escuchar Breve la Vuelta.


en 1996 los argentinos “redonditos de ricota” publicaron en el disco “luzbelito” la canción “me matan limón” haciendo referencia a los últimos momentos de vida de pablo escobar y su fiel guardaespaldas “limón”.
No lo sabía. Limón es el único guardaespaldas que acompañaba a Escobar cuando le hicieron la vuelta.
Aunque es bueno recordar, porque desafortunadamente somos un país desmemoriado, quisiera irme un poco más al sonido cumbiambero de la canción, es lo que podemos llamar cumbia protesta, la letra no retrata otra cosa que lo que se vive en el trágico mundo del narcotráfico que se ha filtrado de alguna manera, generalmente mediática, en la vida de todos los colombianos y no pude evitar recordar películas nacionales como “La Virgen de los Sicarios”, “Rosario Tijeras” o “La Vendedora de Rosas”, son cosas que no se deben olvidar, y es más, saber que siguen existiendo de alguna forma y la canción es un retrato musical, con autóctono ritmo nacional, de lo que se vive en estas esferas buena canción… No toda la música, al igual que las películas, debe tener un final feliz, la vida tiene sus altas y bajas y es necesario, al menos de vez en cuando, recordar las bajas… Saludos Blogger…